Siendo cada vez más consciente de la “sociedad del ruido” en que vivimos inmersos, resulta toda una heroicidad intentar ir más allá de la superficie de los acontecimientos para comprender el sentido de estos y de lo que nos toca vivir como sociedad y como grupo humano. Haciendo un ejercicio de perspectiva histórica ante los últimos hechos relativos a la política internacional, Estados Unidos-Venezuela, viene a mi mente la que a finales del siglo XIX en los Estados Unidos cristalizó como “Escuela del Pragmatismo Americano”. Su importancia radicó fundamentalmente debido a tres razones:
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A lo largo del siglo XX se convirtió en parte de la mentalidad colectiva del pueblo norteamericano que llega hasta nuestros días.
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Es importante porque esta escuela es uno de los factores que explica el desarrollo como potencia de los EEUU hasta llegar a nuestros días.
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Resulta clave porque en nuestros días en Europa una parte considerable de la opinión pública, intelectuales y analistas políticos entienden la democracia como la planteó esta escuela de pensamiento.
Uno de sus mejores representantes fue William James (1842-1910). Fue catedrático de psicología en 1873 en Harvard. Tuvo gran influencia pública, sobre todo porque escribió en periódicos, revistas, etc. “Principios de Psicología” fue su obra más importante (1890). No era solo un tratado de psicología, en cierto modo James hizo el estudio psicológico de la psique de los países, pueblos, y también del pueblo americano, interesándose por los problemas mentales que pudiera tener el pueblo de los EEUU.
James se planteó lo que se planteaba todo político del siglo XIX (Antiguo Régimen, Liberalismo o Democracia), teniendo claro que a la hora de defender una de esas ideologías lo importante no era tener en cuenta la idea de los principios eternos, sino ver cómo esas teorías e ideologías (a lo que llamamos principios universales) funcionaban en la práctica. La generación anterior de intelectuales, 1810-1870, basó su teoría política en los principios eternos: una sociedad tenía que estar montada sobre la idea de Dios, la actitud de sacrificio de los ciudadanos, y la idea de honor o principio del honor. Frente a esto James argumentaba que estos principios no tenían valor si no se les sometía a la prueba de acierto-error (pragmatismo) para ver cómo funcionan en la práctica.
Según James, “la realidad es como es y no puede ser cambiada con un debe ser, una acción deber ser juzgada por sus resultados más que por sus fundamentos doctrinarios”. Esto no significa que las cosas no puedan ser cambiadas, porque precisamente EEUU surge del cambio, de la ruptura con un viejo sistema (solo hay que conocer un poco su historia). No está diciendo que la ideología no deba tenerse en cuenta porque los EEUU surgen de una ideología previa (romper con Inglaterra), lo que ocurre es que esa ideología cuando se lleva a la práctica funciona. No rechazaba los principios, lo que decía es que esos principios, que están sobre papel, si funcionan sí valen, si no tienen que ser rechazados.
James era demócrata y consideraba, igual que Alexis de Tocqueville, que la democracia era el mejor sistema posible en el sentido de que era el menos perjudicial, pero no porque la democracia estuviera fundamentada en una teoría perfecta sino porque sus principios en la práctica en los Estados Unidos funcionaban. Esto significa que la democracia no es un valor absoluto, porque esos principios pueden no funcionar atendiendo a las circunstancias de cada país. Para James, el funcionamiento de la democracia dependía de unos requisitos mínimos: mínimo desarrollo económico, educativo y existencia de igualdad (mínimo de igualdad social, que no haya grandes diferencias de clases, es decir, homogeneidad social). Con estos requisitos la democracia sería posible.
Hoy en día el pragmatismo americano de W. James sigue afectando a una minoría europea. Así pues, siguiendo esta forma de pensar que se refleja en la forma de proceder de la administración Trump, lo importante no son las ideologías sino comprobar en la práctica si los grandes principios funcionan, si no funcionan no tienen ningún valor. Resulta fácil comprender algunos de los entresijos que se van haciendo púbicos de la invasión norteamericana a Venezuela en los primeros días de enero. Téngase en cuenta, además, el famoso corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe de 1904.
Cuando James dice que lo bueno es lo práctico no hay que caer en la desideologización, “lo que ocurre es que hay que llevarlo a la práctica y si no funciona hay que tener el valor de reconocerlo y eliminarlo”, cuando un país se empeña en mantener esta ideología que no es válida en la práctica el país va al desastre. ¿Significa eso que en los pueblos que no se desarrollen los requisitos mínimos para ser democracia están condenados al “Despotismo ilustrado”? James dice que no y que cabe la posibilidad de que haya una dictadura benévola para que el dictador tenga en la cabeza el proyecto de desarrollar su país para ser y cumplir esos requisitos mínimos y así ser democráticos (transición). Vamos aclarando muchos episodios de la intervención norteamericana en Latinoamérica, en su “patio trasero”, y el apoyo dado a dictaduras militares y regímenes que no enarbolan precisamente ninguna bandera de la libertad.
James también era sociólogo. Su interpretación de la historia es la consecuencia de su estudio de cómo evoluciona la sociedad (la norteamericana). Él piensa que ha descubierto cuál es el mecanismo que hace que las sociedades vayan cambiando. Para explicarse porqué cambia la sociedad, señala cuáles son los motores del cambio: las “leyes de la historia”, que son las que hacen que cambie la sociedad, también las leyes de la sociología y de las actividades del “Gran Hombre”. La unión de los grandes hombres constituye la aristocracia de un país, pero no está pensando en la aristocracia de sangre europea, para James la aristocracia es la unión de los mejores, y por lo tanto una aristocracia del saber y del dinero y en consecuencia una aristocracia abierta y de la que puede formar parte cualquiera. El nombre correcto sería ELITE. Es curioso que cuando estos preceptos se trasladan a la realidad nunca encontramos aquella frase de Tomás Moro en su Utopía recordando a Platón: “Lo ideal sería que los reyes filosofaran y los filósofos reinaran”. Está claro que en Estados Unidos no se está leyendo a Platón.
James defendía que*“hay que tener en cuenta en la historia al hombre inteligente, al gran hombre”, *pero, por otro lado, también consideraba que no se podía olvidar el papel que jugaba el pueblo o masa en la evolución de la sociedad. Planteaba inmediatamente después una cuestión que nos lleva a la duda. Lo que caracteriza al pueblo es que es una multitud condicionada; por las leyes de la historia, las leyes de la sociología y por lo que le dice la elite (salvo en excepciones) y por ello hay momentos en los que se producen explosiones del pueblo sin tener que ver la élite, y si esta no intervenía pronto y la controlaba todo se convertía en descontrol. Siguiendo las propuestas de James, llegamos a la conclusión de que el pueblo es pasivo porque está controlado y condicionado. No tiene iniciativa, es imitativo de la elite, etc. y el pueblo es creyente; puede creer en Dios (habitual en el siglo XIX) o en lo inexorable de las leyes de la Historia, de las leyes de la sociología y de lo que le dice la elite.
Frente a esto está el retrato que James hace de la elite (dirige al pueblo); es libre y conoce las leyes de la Historia y las de la sociología y por lo tanto si quiere las rompe al tomar unas decisiones. Es innovadora y puede cambiar la evolución de la sociedad y la dirección de la historia. La elite es analítica que no quiere decir que la élite no crea en Dios (la gran parte de esos hombres creen en Dios y en las leyes (historia y sociología)) lo que pasa es que la elite cree en Dios o las leyes porque las ha analizado y no por creencia recibida.
En la mente de James, la evolución de la sociedad es la Historia, que es obra del pueblo, de las elites, de las propias leyes de la Historia, es obra del azar o de la casualidad y también de Dios. Pero al decir esto de Dios no quiere decir lo que dirán los católicos reaccionarios del siglo XIX, que todo acontecimiento histórico está provocado por Dios. La intervención de Dios en la historia la expresa con una metáfora:
Dios juega una partida de ajedrez con el gran hombre, pero Dios es un experto y lo sabe todo (los movimientos) y así el hombre solo puede jugar por tanteo, y si fallo me castiga y entonces aprendo y ya no lo hago más ese mismo movimiento. Entonces sigue tanteando y aprendiendo de sus errores y por lo tanto va avanzando y va perfeccionándose y así conseguir una sociedad mucho mejor y acercándose a la perfección que es la que Dios quiere. Pero ¿De qué Dios está hablando W. James? Parece que cuando dice Dios parece ser un Dios cristiano (autoconsciente) y otras veces parece que no cree y llama Dios a ese conjunto de leyes (Sociología e Historia), el pueblo, azar. Esto coloca a James en su contexto social, porque forma parte de la aristocracia americana, y su familia es bastante rica. Esa aristocracia americana de finales del siglo XIX es desde luego una aristocracia formalmente cristiana. Ellos acuden a las misas y luego analizan la importancia de Dios y de la existencia de la Iglesia, pero cuando se investiga su vida diaria se ve que hay muchos componentes de ateos, y por ello no se sabe si James pertenece a este colectivo.
Para mantener la democracia, según W. James también son necesarios tres requisitos:
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Existencia de una propiedad privada extendida, cuanto más mejor. Argumenta que la propiedad es algo instintivo en los seres humanos. En este caso, James confunde la propiedad privada doméstica con la propiedad privada empresarial.
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La tolerancia social, no la tolerancia de las leyes que se da por hecha en una democracia, sino al miedo de Tocqueville, a que la opinión de la mayoría sea tan aplastante que la minoría no se atreva a expresarlo. Que la misma sociedad sea tolerante y no impide con su opinión la opinión de los disidentes. Para James hay una excepción que es: tolerancia para todos menos para los intolerantes.
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La democracia pluralista. En una democracia es más importante lo pequeño que lo grande. Para James es más importante el individuo que la familia, la familia que el Estado, y así.
Después de navegar por los recovecos del pensamiento de William James, este resulta de vital trascendencia en nuestros días para comprender la forma de actuar de EEUU ante las vicisitudes de la política internacional. El considerado “padre del pragmatismo” y su tesis central de que el valor de una idea depende de sus consecuencias prácticas nos coloca en la casilla de mayor claridad para comprender el sentido de la actuación de Donald Trump en la invasión y ataque practicados en Venezuela. Como así ya desarrolló T. Roosevelt a inicios del siglo XX, “para mantener y defender” los intereses norteamericanos en su área de influencia de los países del Caribe, Donald Trump, de igual modo, no tiene como objetivo enarbolar la bandera de ninguna libertad, menos aún la democrática, en ningún país del mundo. En este sentido, la única verdad fija y eterna en su mentalidad, así como la del pueblo americano, es que solo lo que funciona es útil. No es Venezuela una causa de la lucha por las libertades y la democracia del aspirante a Premio Nobel de La Paz, es un ejemplo práctico más en la Historia de EEUU de la Doctrina Monroe, del Destino Manifiesto, del Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe y del “Big Stick”. Venezuela será lo que funcione mejor a los intereses norteamericanos en la zona. Nada nuevo bajo el Imperio.